Novela

RECUERDOS DE FÁTIMA (Invierno austral del año 2004)

Por Javier Orrego C. / Fragmento de El puente sobre el caos (capítulo 1)

Explanada de Fatima_bnEs invierno y llueve afuera mientras escribo estas palabras frente a un mar borrascoso. No puedo imaginar un escenario más acertado para emprender la tarea de poner por escrito estas cosas. Me he refugiado lo más lejos posible del mundo, de la gente, del caos urbano, para trazar esta historia que ahora narro como un antídoto contra la amargura. Una mujer triste y dulce como el agua espera tal vez por mí en su propio rincón del mundo. En parte escribo esto para ella, para que ella entienda lo que yo mismo no alcanzo a comprender aún.

Comenzaré por presentarme. Mi nombre es Diego L., alias Fehendor. Este apodo –casi una contraseña, un signo mágico– es el epígrafe con el que rubrico mis obras. Su origen es algo difuso, pues me fue soplado al oído hace muchos, muchos años, mientras soñaba con un extraño, arcaico e inaccesible mundo sumergido en la niebla. Varios años más tarde me enteré por medio de cierta lectura que comentaré más adelante que el término Fenhedor, en la terminología de los trovadores occitanos, significa “el suspirante”, es decir, “el que suspira por su Amada”. La derivación en Fehendor ha de haber sido, pues, una especie de transliteración errónea o de equívoco –que mantuve con el tiempo pese a todo– producida a lo largo de aquel misterioso intervalo que hay entre el sueño y la vigilia.

¿Qué más? Probablemente nada que valga la pena. Todo lo demás está entretejido en lo que sigue. (más…)

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EL PADRE SIMEÓN Y LA MIEL DEL CONOCIMIENTO

Por Javier Orrego C. (Fragmento de El puente sobre el caos)

GurdjieffComenzado el otoño, Marlene, la prostituta sagrada, me invitó a asistir a una reunión en que se tratarían ciertos aspectos específicos de las enseñanzas de Gurdjieff relacionados con la sexualidad humana. Pero era sólo una excusa. Lo más importante era aprovechar la ocasión para presentarme allí a cierto ex discípulo de Krysztof K. que estaba muy interesado en conocerme. Mi sibila me advirtió que el hombre que me iba a presentar le había perdido la pista a su maestro por un buen tiempo hasta que lo encontró en Fátima pocos meses antes de su muerte. Supe que me aproximaba a la hermandad.

Sirvió de sede para este encuentro un hermoso departamento ubicado frente al Parque Forestal, cerca del Palacio de Bellas Artes, cuya dueña era una mujer con aires de viuda rica aficionada a las ciencias ocultas. El resto de los asistentes no despertó mayor interés en mí. Me llamó la atención, eso sí, la presencia de un orador vestido de gris que comenzó a hablar apenas unos minutos después de nuestra llegada. El hombre era delgado, macilento, de ojos saltones, y había comenzado por enunciar, con una voz monótona y sin inflexiones, la importancia del rol de la sexualidad en el mantenimiento de la mecanicidad de la existencia humana. Luego vino una retahíla de obviedades basadas, supuestamente, en las palabras del maestro armenio. Y al cabo de un rato, concluyó que todo lo que hace la gente se encuentra directamente relacionado con la sexualidad, la actividad política, la religión, el arte, la gastronomía, en fin… (más…)