Archivo de la etiqueta: Misterio

LA MAGIA… (fragmento)

Por Javier Orrego C.

Grabado Flammarion
Universum, Flammarion, grabado, París (1888). Nota: el grabado original no tiene colores.

La mente humana es un enigma aún por resolver. El cerebro es una floración de la espina dorsal, la cúspide de aquella escalera que hizo posible que algunos primates, en los remotos tiempos en que el alma humana descendía a la Tierra, se irguieran del suelo y levantaran su vista a las estrellas. Sólo así el receptáculo -el cuerpo de los primates- pudo estar listo para alojar a las mónadas humanas, semillas de dioses, gérmenes del hombre futuro, que descendían del “cielo”.

Desde un principio el impulso que hizo posible el poblamiento del planeta empujaba al hombre a elevar su mirada a los cielos. El hombre sólo puede resolver el enigma de su vida mirando hacia arriba, sintiendo el vértigo de los espacios infinitos, del firmamento, de la eternidad.

Esa agitación, esa turbación, ese palpitar de su alma que enciende el fuego en los abismos de su interioridad, se llama devoción. Ese es el primer paso en el camino de regreso a las estrellas. La devoción lo llevará a danzar alrededor del fuego, a adorar las fuerzas de la naturaleza, a esculpir ídolos de piedra y a descubrir por doquier la diligente presencia de las jerarquías cósmicas que él bautizará luego con el nombre de “dioses”. Más tarde llegará a intuir la presencia de un Ser Supremo, de un Dios más grande que todos los dioses, para finalmente entender que toda aquella magnificencia mora también dentro suyo.

Primero construye templos, luego descubre que él mismo es un templo. Es la devoción la que hace que el hombre comprenda que esos espacios infinitos se hallan replicados en su interior, en su propia alma.

El hombre, ese microcosmos, ha sido “hecho” a imagen y semejanza del macrocosmos. La mente humana, entonces, está vinculada a la “mente universal”. Y es la interrelación de todas las cosas a lo que el hombre llama “magia”…

Anuncios

RECUERDOS DE FÁTIMA (Invierno austral del año 2004)

Por Javier Orrego C. / Fragmento de El puente sobre el caos (capítulo 1)

Explanada de Fatima_bnEs invierno y llueve afuera mientras escribo estas palabras frente a un mar borrascoso. No puedo imaginar un escenario más acertado para emprender la tarea de poner por escrito estas cosas. Me he refugiado lo más lejos posible del mundo, de la gente, del caos urbano, para trazar esta historia que ahora narro como un antídoto contra la amargura. Una mujer triste y dulce como el agua espera tal vez por mí en su propio rincón del mundo. En parte escribo esto para ella, para que ella entienda lo que yo mismo no alcanzo a comprender aún.

Comenzaré por presentarme. Mi nombre es Diego L., alias Fehendor. Este apodo –casi una contraseña, un signo mágico– es el epígrafe con el que rubrico mis obras. Su origen es algo difuso, pues me fue soplado al oído hace muchos, muchos años, mientras soñaba con un extraño, arcaico e inaccesible mundo sumergido en la niebla. Varios años más tarde me enteré por medio de cierta lectura que comentaré más adelante que el término Fenhedor, en la terminología de los trovadores occitanos, significa “el suspirante”, es decir, “el que suspira por su Amada”. La derivación en Fehendor ha de haber sido, pues, una especie de transliteración errónea o de equívoco –que mantuve con el tiempo pese a todo– producida a lo largo de aquel misterioso intervalo que hay entre el sueño y la vigilia.

¿Qué más? Probablemente nada que valga la pena. Todo lo demás está entretejido en lo que sigue.

Seguir leyendo RECUERDOS DE FÁTIMA (Invierno austral del año 2004)