Cristo

YESHÚA, EL INICIADO NAZAREO, Y LA FUNDACIÓN DEL CRISTIANISMO

Por Javier Orrego C.

santo_sudario_rostro de JesúsCristo, el Mesías

El nombre Jesús, es una forma griega del hebreo Yeshúa (o Yehoshua), que significa “el Señor salva”. En el nombre del Mesías queda señalada desde un principio la impronta de la misión del cristianismo: la expiación, esto es, la transmutación de la realidad material del mundo, la espiritualización del escenario terrestre.

En este sentido, todo verdadero cristiano está llamado a transformarse a sí mismo en un alquimista.

Significado de vocablo “Mesías”

La palabra “mesías” viene del hebreo mashiah (o maschiaj), vocablo que significa “ungido”. Los sacerdotes, profetas y reyes de Israel eran ungidos con aceite (óleo sagrado) y consagrados para sus respectivos oficios. El gran Mesías es ungido (o entronizado) por encima de todos ya que encarna en si mismo estos tres roles fundamentales: sacerdote, profeta y rey.

En este sentido el Ungido o Mesías ha de ser:

  • Como Rey → representante de Dios ante el pueblo de Israel
  • Como Sacerdote → mediador entre Dios y los hombres
  • Como Profeta → revelador de la Voluntad de Dios (es decir, como todo profeta debe tener la capacidad para “leer” y anunciar lo que está en la Mente de Dios)

La concepción hebrea de la unción proviene de una antigua creencia que establece que untar a una persona –e incluso un objeto– con aceite otorga cualidades extraordinarias, incluso sobrenaturales. (más…)

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Un hombre llamado Jesús

Por Javier Orrego C. (Fragmento de El Evangelio de la Luz)

1304254729_50-rrsryirrs-rrrsrryesrsrs-xiv-130s90-rrerrrCiencia espiritual versus ciencia profana

No es necesario ser cristiano para saber que a partir de los acontecimientos de Palestina la figura de Cristo Jesús articula, de un modo u otro, toda la historia de la humanidad. La religión cristiana es, sin lugar a dudas, un hecho fundamental de la evolución espiritual de la especie humana. Hay quién ha dicho incluso –en contra de la opinión generalizada de la modernidad–, que el cristianismo no pertenece al pasado tanto como al futuro del hombre. Veremos la forma de justificar esta apreciación que lleva a concebir el impulso crístico como un salto evolutivo en dirección hacia nuevas dimensiones de lo que es propiamente humano. Pero para que este salto no sea  una simple pirueta ciega del espíritu resulta indispensable que el hombre se plantee de un modo totalmente nuevo en relación a los antiguos enunciados de la sabiduría perenne.

Todos los Misterios de la antigüedad, todo el conocimiento oculto enseñado hasta el momento de la encarnación del Verbo en el ámbito de la Tierra, se encuentran resumidos en el Misterio cristiano. Jung describe a Cristo como el self del hombre occidental, e incluso como su arquetipo celeste. De este modo, el cristianismo sería la Luz que ilumina, que enciende desde las profundidades del alma humana, la conciencia del hombre futuro (y ciertamente no sólo del hombre occidental).     (más…)