Ciencia

EL CONTACTO CON CIVILIZACIONES EXTRATERRESTRES. HIPÓTESIS DESDE LA VEREDA DE LA CIENCIA

Por Javier Orrego C.

La irrupción del fenómeno de los “platos voladores”

OvniEl martes 24 de junio de 1947 Kenneth Arnold, un piloto civil estadounidense de la ciudad de Boise, Idaho, divisó una formación de nueve objetos que volaban a una velocidad estimada superior a los 1.500 a 2.000 kilómetros por hora sobre la cordillera de las Cascadas, en el estado de Washington, en el Noroeste de los Estados Unidos. Una vez en tierra, contó su experiencia a personal del aeropuerto de la ciudad de Yakima, Washington. Al día siguiente, ante la probabilidad de que se tratara de prototipos secretos potencialmente peligrosos de aeronaves de otros países que estuvieran violando el espacio aéreo estadounidense, hizo un infructuoso intento por informar del hecho a las oficinas del FBI de la pequeña ciudad de Pendleton, en Oregon. Pero las encontró cerradas. Tas ello acudió al editor del periódico local, el periodista Bill Bequette, con la intención de narrarle su experiencia. Entre los detalles que entregó estaba la descripción de los objetos que, para él, tenían forma convexa, como una medialuna, y se movían de manera similar a las piedras cuando rebotan sobre una superficie líquida. En concreto usó la frase “como un platillo lanzado a través del agua”. Bequete confundió la manera en que se movían los objetos con su forma. Ese fue el origen de la expresión “platillos voladores” (Flying Saucers). La nota, publicada por el periódico East Oregonian, fue recogida por las agencias de noticias United Press y Associated Press, inaugurando la Era de los Platillos Voladores.

Posteriormente, el 7 de abril de 1950, en una entrevista otorgada al locutor Edward R. Murrow, de la CBS, Arnold aclaró: “Dijeron que yo había dicho que eran como platillos, cuando lo que yo dije fue que volaban al estilo de un platillo”. (más…)

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MISTERIOS ANTIGUOS Y MODERNOS

Por Javier Orrego C.

Grabado de FlammarionUna grieta en el suelo de la ciencia: el resquebrajamiento de los paradigmas

Para comprender cabalmente la misión del Cristo es necesario remontarse al origen de nuestro mundo, ya no sólo de la Tierra tal como la conocemos, sino de las encarnaciones anteriores de la Tierra. Esto que aparentemente sonará a los espíritus materialistas como un disparate no lo es tanto si se concibe que nuestro planeta, al igual que el hombre, ha debido pasar también por una evolución anterior. Es infantil creer que las cosas hayan llegado a ser como son producto del mero devenir mecánico de los acontecimientos cósmicos.

La diferencia fundamental entre la ciencia materialista moderna y la ciencia espiritual estriba en el reconocimiento o la negación de la presencia de un propósito superior detrás de los fenómenos naturales. La pregunta es: ¿es el Universo que conocemos resultado de una creación propiamente tal ─es decir, fruto de un acto volitivo de un ser superior─ o, lisa y llanamente, producto del desenvolvimiento mecánico de relaciones de causa y efecto entre un conjunto de fuerzas preexistentes que de algún modo todavía desconocido entraron en relación en el Universo material? Dicho de otro modo, ¿es posible percibir la existencia de una Inteligencia Cósmica detrás de los fenómenos inteligibles de la naturaleza? Obviamente, el modo de responder estas interrogantes determina la forma como nos enfrentamos con el misterio de la vida. (más…)

La verdadera naturaleza del tiempo

Por Terence McKenna

Terence McKennaLa Ciencia ha desdeñado tradicionalmente las fantasías apocalípticas de la religión. Desde la perspectiva científica, el tiempo final únicamente puede suponer un período entrópico carente de cambios. La ciencia ha elegido creer que la totalidad de los procesos únicamente terminan por corromperse y caer en la entropía en un futuro extremadamente distante. La noción de entropía implica que las leyes del continuo espacio-tiempo se extienden lineal e infinitamente hacia el futuro.

En el modelo espiral del tiempo que yo propongo, esta proposición resulta inválida. Para mí, el tiempo final implica abandonar un conjunto de normas que condicionan nuestra existencia para adoptar otras radicalmente diferentes.

El universo es visto entonces como una serie de épocas o eras compartimentalizadas. Las distintas épocas se hallan regidas por leyes muy diferentes entre sí, y las transiciones entre una y otra época se producen con una inesperada brusquedad. (más…)