FRAGMENTO DEL CAPÍTULO III (Personalidad – Libertad – Jerarquía) DEL LIBRO “LOS HOMBRES Y LAS RUINAS”, de JULIUS EVOLA

EvolaSi, partiendo de la humanidad, a través de la sociedad o de la colectividad de derecho natural y la nación, se avanza luego hacia el mundo político hasta la personalidad, hasta la suprapersonalidad dominadora, nos elevamos de los grados más pobres hacia intensidades cada vez más fuertes de “ser” y de valor, grados de los cuales cada uno es el fin natural del precedente. Así es preciso comprender el principio según el cual es el hombre quien constituye el fin de la sociedad, el elemento primordial, y no al contrario.

Se puede citar, a título de aplicación particular de este principio, el lugar jerárquico que se atribuye al concepto de nación si se desea darle un contenido positivo y un significado constructivo antes que revolucionario. “Nación” es un más en relación a humanidad. Afirmar el derecho de la nación haciendo valer un principio elemental y natural de diferencia para un grupo humano determinado frente a todas las formas de desintegración individualista, de mezcla internacionalista, de proletarización y, sobre todo, ante el simple mundo de las masas y de la economía, es algo positivo y legítimo. Puesta esta delimitación, casi en el sentido de un círculo protector, en lo interior es necesario sin embargo que se realicen grados ulteriores de diferenciación (…) que se materializan en un sistema de cuerpos, de disciplinas y de jerarquías, en virtud del cual de la sustancia de una nación se actualiza el Estado. No resulta carente de interés precisar que tal concepción jerárquica se funda, entre otras, en una concepción nueva, especial y ética de la libertad, mientras que la concepción de las ideologías antitradicionales del mismo principio tiene un carácter no solamente indiferenciado, afuncional y subversivo, sino también “exterior”, casi diríamos físico. Pues estas ideologías ignoran la emancipación del individuo que consiste en ser libre, no en relación a un yugo exterior, sea real o imaginario y, de manera general, en relación a otros, sino en relación a sí mismo, es decir, a la parte “natural” de sí mismo. Esta libertad, que debe inspirar algún amor o algún gusto —sin lo cual no podría pretenderse ser una persona—, es en sí misma la que debería normalmente legitimar todas las dignidades en la jerarquía cualitativa. La esfera política interfiere entonces con la esfera ética (en el sentido espiritual y no “moralista” del término). Un papel decisivo será jugado aquí por la cualidad viril de aquellos que, en caso de conflicto entre exigencias opuestas, saben hacer prevalecer algunos principios y una cierta ley sobre todo lo que emana del dominio “naturalista” y material, se trate de sí mismo o de otros. Así, los vínculos familiares o afectivos no serán para él la última instancia ni tampoco más que la simple noción de lo útil y del bienestar, incluso cuando se aplique al plano colectivo y social. Es sobre la vía de la ascesis especial que requiere esta concepción de la libertad, es decir, sobre la vía de la libertad interior y de la superioridad de la persona en relación a sí mismo en tanto que individuo físico, que la personalidad se realiza y consolida. No es preciso buscar más allá los fundamentos de las conexiones jerárquicas propias a lo que bien pudiera llamarse el “derecho natural de los pueblos heroicos”.

El primero de estos fundamentos es que la medida de lo que puede exigirse a los otros sea dado por lo que se es capaz de exigir de sí mismo. Aquel que no es capaz, ante todo, de dominarse a sí mismo y de darse una ley, es incapaz de dominar a los demás según la justicia, ni darles una ley. El segundo  fundamento es la idea siguiente, defendida por Platón, a saber, que es bueno que los que no pueden encontrar en sí mismos a su propio señor, lo encuentren al menos fuera de sí, que la disciplina de la obediencia les sirva de escuela para dirigirse a sí mismos y que, en fin, a través de la fidelidad hacia quienes se presenten como exponentes de una idea y como aproximaciones vivientes de un tipo humano más elevado, permanezcan tan fieles como sea posible a su más alta naturaleza.

Julius Evola

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2 comentarios en “FRAGMENTO DEL CAPÍTULO III (Personalidad – Libertad – Jerarquía) DEL LIBRO “LOS HOMBRES Y LAS RUINAS”, de JULIUS EVOLA”

  1. Lindo Blog, impresionante imagen y recogedor contenido. El artículo es para sentarse a dudarlo después de haberlo releído un par de veces.
    Gracias, Javier. Tú siempre instigando a la reflexión. jmv.

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