LA CONTRIBUCIÓN DEL FÚTBOL A LA CIVILIZACIÓN

Por Javier Orrego C.

El fútbol entendido como un espacio de expresión ritualizado y socialmente aceptado de la violencia física. La escenografía del fútbol, al igual que la del rugby, representa una batalla ritual civilizada. Un partido es una batalla simulada en la que nadie pierde la vida.

Orígenes del fútbolBill Shankly, el mítico entrenador del Liverpool de Inglaterra, dijo en una ocasión: “Algunos creen que el fútbol es una cuestión de vida o muerte, pero es mucho más importante que eso”. Difícil igualar semejante declaración de amor a un deporte que ha sido descrito como pasión de multitudes. En el otro extremo tenemos al escritor Jorge Luis Borges que sostenía la tesis de que “el fútbol es popular porque la estupidez es popular”. Ambas posturas, completamente antagónicas, resumen el sentir de millones de personas a lo largo y ancho del planeta.

Con toda seguridad durante las siguientes cuatro semanas buena parte de la población mundial estará pendiente de lo que ocurra en la tierra de Pelé. En este sentido, Brasil 2014 no dará respiro ni a amantes ni a detractores. Para estos últimos, la omnipresencia mundialera tendrá el mismo efecto que el humo del cigarrillo para los fumadores pasivos. Ni el más recalcitrante detractor del “deporte rey” podrá abstraerse del clima futbolero que invadirá, para bien y para mal, los espacios noticiosos en todos los medios (NOTA: Este artículo fue escrito en la previa del Mundial de Brasil 2014, pero dos años después, en la previa de la Copa América Centenario, a celebrarse en los Estados Unidos, y la Eurocopa de Francia, conserva toda su actualidad).

Pero hay una mirada que poca gente conoce respecto de este deporte. Independientemente de la opinión que cada quien tenga al respecto, el fútbol tuvo y tiene un rol transcendental en los procesos civilizatorios de las sociedades que adoptaron su práctica. Si bien es cierto que el origen de este deporte puede rastrearse en la historia de la mayoría de los pueblos, para nadie es un misterio que su práctica moderna surgió en la Inglaterra del siglo XIX.

Hasta las primeras décadas del 1800 se practicaban varias modalidades de foot-ball en las Islas Británicas, muchas de las cuales se extendieron a otras latitudes de la mano del impuso colonizador. Entre estas prácticas competitivas estaba el llamado “fútbol de carnaval”, que era un deporte muy popular y en extremo violento ―había muertos―, el cual se jugaba en épocas festivas entre equipos rivales de distintas localidades o incluso entre barrios de una misma ciudad, o entre escuelas, solteros y casados, etc. Este deporte se practicaba en toda Gran Bretaña, aunque de forma muy desorganizada ya que las reglas eras muy imprecisas y variaban de lugar en lugar.

Pero en el curso de las primeras décadas del siglo XIX algunas escuelas privadas comenzaron a crear sus propios códigos limitando la cantidad de jugadores, la extensión de los campos y, lo más importante, poniendo límites a la violencia. De este modo la irrupción del fútbol moderno, al imponer una restricción al uso de la fuerza física, ayudó a sensibilizar a la población británica contra la legitimidad del acto de matar. Este hecho puntual ha sido vital para que se haya ido produciendo un desplazamiento del placer experimentado en la comisión de la violencia hacia la visión de la violencia, lo que constituye un indudable indicador del empuje civilizador de la actividad humana.

A este respecto, los reputados sociólogos británicos Norbert Elias y Eric Dunning afirman que el surgimiento del deporte organizado es parte intrínseca del proceso civilizador de las sociedades modernas. Durante este proceso las prácticas deportivas (fútbol, rugby, boxeo, caza, etc.) experimentaron una serie de profundas transformaciones que apuntaron, sin excepción, hacia formas más reglamentadas, organizadas y, desde luego, menos violentas de expresión del impulso competitivo del ser humano. De hecho, en el presente los deportes que implican roce no son más que espacios para la expresión ritualizada y socialmente aceptada de la violencia física.

Así las cosas, hemos de entender que la escenografía del fútbol, al igual que la del rugby, representa una batalla ritual civilizada. Un partido es una batalla simulada en que nadie pierde la vida. De este modo, la aceptación de un código de conducta común, junto con la prescripción de sanciones para los transgresores, la presencia de un árbitro que representa la legalidad sobre al campo de juego, así como la existencia de un organismo central que elabora y hace cumplir las reglas, no es más que un reflejo de las funciones del Estado y de los cuerpos legales que hacen que la vida en común esté, en nuestras sociedades, a años luz del salvajismo imperante en otros tiempos históricos en que la violencia era el pan de cada día en la vida de millones seres humanos.

Al entender esto, probablemente miraremos el mundial con otros ojos. De paso, entenderemos las palabras del escritor argentino Eduardo Sacheri:

Hay quienes sostienen que el fútbol no tiene nada que ver con la vida del hombre, con sus cosas más esenciales. Desconozco cuánto sabe esa gente de la vida, pero de algo estoy seguro: no saben nada de fútbol.

 Javier Orrego C.

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