LOS DOS NIÑOS JESÚS

Por Javier Orrego C.

La Virgen de las Rocas

La Virgen de las Rocas, de Leonardo Da Vinci.

Hay muchos misterios por dilucidar en relación a la vida de Jesús. Algunas cosas son indudables. Una de ellas es que pasó por Egipto. Estuvo allí de niño, eso es seguro. Pero… ¿regresó en su juventud después de pasar su infancia en Galilea? ¿Es verdad que fue iniciado en los antiguos Misterios de la tierra de los faraones, como Moisés, como Orfeo, o como Pitágoras y Platón, entre otros?

También es posible seguir el rastro de ciertos tratos con el zoroastrismo y el budismo. Entonces, cabe hacerse la pregunta: ¿abrevan todas las grandes tradiciones espirituales de la humanidad de una misma fuente? ¿Es que hay, y ha habido a lo largo de los siglos, un “círculo interno” de iniciados que han estado tras los grandes acontecimientos espirituales que han proporcionado forma y contenido al espíritu humano? ¿Y quiénes son estos grandes “desconocidos”? No es difícil imaginar a estos celosos, fieles y devotos pontífices secretos ―filósofos y monjes de bosques y desiertos perdidos en las nieblas del misterio― preparando laboriosamente, siglo tras siglo desde tiempos antediluvianos, la encarnación del Verbo en la Tierra. Es que el advenimiento del Verbo, del Logos, fué un acontecimiento cósmico extraordinario. Habrán trabajado en ello los maestros desconocidos ―algunos encarnados, otros desde “el otro lado”―, junto a las jerarquías espirituales. El Logos Solar habrá descendido, etapa por etapa, desde las más altas cumbres del mundo divino para morar en un cuerpo humano…

A veces da la impresión que muchos teólogos ignoran por completo la magnitud de un acontecimiento como el que describen las Escrituras Sagradas. ¡Estamos hablando de la encarnación de un Dios, de un Espíritu Divino!

Los años oscuros de Jesús, desde los doce hasta los veintinueve según la cronología oficial de su vida, dejan abierto el camino a muchas teorías. Hay leyendas, rastros, documentos antiquísimos, que hay que considerar. Nada puede ni debe ser descartado a priori.

Valga lo ya dicho para referirse a una versión de la historia de Jesús muy audaz e interesante que sólo es posible mencionar aquí al pasar, casi susurrándolo a los “oídos” del lector para no escandalizar a los débiles de espíritu. Esto ya ha sido dicho: ocurre que los “cristianos” no entienden la verdadera naturaleza de Cristo Jesús y, por consecuencia, no tienen idea del rol que a los verdaderos seguidores de las enseñanzas del maestro de maestros les cabe en este mundo nuestro, tan lleno de sufrimientos, de angustias y zozobras.

Esta versión ha visto la luz a partir de la actividad de uno de los espíritus más luminosos de nuestro tiempo, el gran maestro austriaco Rudolf Steiner. El sólo hecho de que haya sido Steiner la fuente de esta interpretación de los hechos de Palestina obliga a considerarla con el mayor interés.

Veamos: el fundador de la antroposofía plantea que en realidad no existió un sólo niño Jesús, sino dos y, por extensión, dos familias, esto es, dos Marías, dos Josés, etc. Esto explicaría, entre otras cosas, las dos genealogías diferentes presentadas en los evangelios de Lucas y de Mateo y otras tantas incongruencias de las Escrituras, como las dos versiones del nacimiento ―en una casa y en un pesebre―, o las visitas respectivas de los Magos y los pastores a uno y otro, o la presentación en el Templo luego de la supuesta huída a Egipto.

El niño de Nazareth, el niño de Belén…

Uno de los niños, el de Nazareth, sería hijo de José el carpintero y de una dulce y joven doncella ―la Virgen―. Este niño vendría a ser, de acuerdo a esta interpretación, descendiente de Nathan, un profeta de tiempos del rey David. Esto es, el niño de Nazareth sería de ascendencia sacerdotal.

Los tres niños santos

Los tres niños santos, de Bernardino de Conti.

El otro, el de Belén, sería hijo de otro José, un sacerdote del Templo descendiente de David a través de Salomón, y de otra María, también de familia dinástica. Por tanto, el niño de Belén sería de la línea sucesora davídica y, por ende, heredero del trono de Israel. Esto explicaría, entre otras cosas, la ofuscación de Herodes el Grande con la noticia de su nacimiento y revela el origen de la intriga que lo arrastró a querer darle muerte, lo cual, a su vez, impulsó a sus padres a huir a Egipto.

Siguiendo esta línea de pensamiento es lógico pensar que es más que probable que ambas familias formaran parte, de una u otra manera, de esta “conjura”, pues a decir verdad, en toda la historia de estos hechos es posible dilucidar la existencia de un “círculo interior” de iniciados que en todo momento estuvieron concientes de que algo de suma importancia estaba ocurriendo en el mundo.

No cabe duda de que la vida terrenal de Jesús, por lo menos hasta el hecho del Gólgota, siguió una pauta establecida que necesitó, para llevarse a cabo, de la presencia de los ejecutores correctos. Y estos “ejecutores” formaban parte de un puñado de familias hebreas con contactos importantes en Egipto, Mesopotamia y otros lugares del Oriente antiguo…

 Javier Orrego C.

Fragmento de El Evangelio de la Luz   

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