YESHÚA, EL INICIADO NAZAREO, Y LA FUNDACIÓN DEL CRISTIANISMO

Por Javier Orrego C.

santo_sudario_rostro de JesúsCristo, el Mesías

El nombre Jesús, es una forma griega del hebreo Yeshúa (o Yehoshua), que significa “el Señor salva”. En el nombre del Mesías queda señalada desde un principio la impronta de la misión del cristianismo: la expiación, esto es, la transmutación de la realidad material del mundo, la espiritualización del escenario terrestre.

En este sentido, todo verdadero cristiano está llamado a transformarse a sí mismo en un alquimista.

Significado de vocablo “Mesías”

La palabra “mesías” viene del hebreo mashiah (o maschiaj), vocablo que significa “ungido”. Los sacerdotes, profetas y reyes de Israel eran ungidos con aceite (óleo sagrado) y consagrados para sus respectivos oficios. El gran Mesías es ungido (o entronizado) por encima de todos ya que encarna en si mismo estos tres roles fundamentales: sacerdote, profeta y rey.

En este sentido el Ungido o Mesías ha de ser:

  • Como Rey → representante de Dios ante el pueblo de Israel
  • Como Sacerdote → mediador entre Dios y los hombres
  • Como Profeta → revelador de la Voluntad de Dios (es decir, como todo profeta debe tener la capacidad para “leer” y anunciar lo que está en la Mente de Dios)

La concepción hebrea de la unción proviene de una antigua creencia que establece que untar a una persona –e incluso un objeto– con aceite otorga cualidades extraordinarias, incluso sobrenaturales.

Concepto judío: el heredero de David

Tradicionalmente el concepto del Mesías de Israel se refería a un futuro Rey de la línea davídica destinado a ser “ungido” e investido para gobernar a los judíos, que se concebían a sí mismos como “el pueblo de Dios”. En este sentido, el término era esencialmente político, aún cuando conlleve el carácter religioso asociado también a las figuras tradicionales del sacerdote y el profeta. Este doble carácter político y religioso se relaciona con la estructura teocrática del antiguo Estado de Israel.

logos

Concepto griego: el portador del Logos

Como consecuencia de la irradiación de la influencia cristiana más allá de las fronteras de Palestina, el concepto del Mesías recibió la trascendente aportación de la mentalidad helénica al asimilarse su esencia al concepto griego del Logos. Este concepto, tal como era concebido por los griegos, hace alusión a la existencia de un Principio Creador del Universo o Razón inherente a Dios. Según el pensamiento griego, el Universo ha sido dispuesto sabiamente gracias a este atributo de la divinidad. El Logos es así la Inteligencia que dirige, ordena y brinda armonía al Cosmos, dándole sentido al devenir del mundo. Al mismo tiempo, debe ser entendido como un principio de inteligencia trascendente presente en todas las cosas. El apartarse del Logos entrañaría, de acuerdo con esta concepción, un apartarse de este principio ordenador del mundo.

Más tarde, luego del Evangelio de Juan, este concepto adquiere una significación cristiana en tanto que Palabra de Dios o Verbo (“En el principio era el Verbo –o Logos– y el Verbo estaba con Dios y el Verbo era Dios…, etc.”), llegando a convertir la idea del Mesías en un principio universal, promesa de plenitud para toda la humanidad.

Jesús, el hombre, y la herencia del Jesús histórico

El cristianismo judío

El Jesús histórico nunca pregonó una nueva religión. Él fue toda su vida un judío observante, es decir, un hombre fiel a las tradiciones de su pueblo. Esta condición del Maestro explica el por qué sus discípulos y herederos no pretendieron nunca pertenecer a una religión distinta de la judía.

Aun así, por haber sido iniciado en los Misterios antiguos, Yeshúa se hizo heredero de un conocimiento que va mucho más allá de las enseñanzas surgidas en el seno del pueblo hebreo.

El Nazareno

Jesús era un Nazareno o Nazareo, vocablo que es algo más que el gentilicio de los habitantes de la pequeña aldea de Nazareth en Galilea, pues hace alusión a cierta clase de sacerdotes que, surgidos en tiempos de Moisés, constituyeron una orden monástica de iniciados consagrados a Yahvé y entregados por entero a la meditación y el respeto a la Ley. Entre los signos externos del voto temporal de estos hombres puros estaba la prohibición de consumir bebidas alcohólicas y de cortarse el cabello (Sansón era un Nazareo). Pero la orden fue disuelta poco después de la muerte de Moisés y sus adeptos fueron perseguidos. Siglos más tarde, durante el cautiverio de Babilonia (siglo VI a. de C.), se dio un nuevo impulso al culto de Adonai, culto solar que venera a los “Señores” o “Gobernantes” de los hombres, revitalizando la tradición nazarea (el término Adonai es el plural de Adon, que significa Señor, Amo o Gobernante).[1]

Durante este período surge una importante figura de nombre Zarathas –o Nazaratos–, del cual se dice era la reencarnación de Zoroastro (Zarathustra), que enseñó a los iniciados hebreos los ritos y conocimientos secretos del culto solar a Adonai, restableciendo las enseñanzas secretas de la época de Moisés. De este grupo humano surgió la semilla de la futura comunidad esenia fundada cuatro siglos más tarde por una personalidad histórica conocida hoy como el Maestro de Justicia o Maestro de la Rectitud[2]. Era en el seno de estos grupos y comunidades que se preparaba secretamente el advenimiento o descenso del Cristo a la Tierra en la persona de Jesús de Nazareth (Yeoshua, el Nazareo).

Tras la muerte del maestro

Tras la muerte de Jesús, sus discípulos y seguidores continuaron respetando los preceptos de la Ley judía asistiendo al Templo y respetando el Sabath, entre otras normas. No obstante, durante el primer día de la semana –el domingo– comenzaron a conmemorar “el día de la resurrección”, reuniéndose para “partir el pan”. Pero estos primeros servicios litúrgicos no se centraron en la pasión del Señor, sino en la resurrección, en el entendido que con ella se había inaugurado una nueva era.

Por supuesto, es posible suponer que mientras para los círculos externos de la comunidad de los Nazareos o herederos de Jesús la nueva era se adscribía exclusivamente al pueblo hebreo, para el círculo interno –es decir, para los iniciados de más alto grado– los nuevos tiempos involucraban a toda la humanidad, tal como ha de haber sido enseñado en los círculos internos de las escuelas iniciáticas de todos los pueblos. La presencia de los “Reyes Magos” en la Natividad da cuenta de que la venida del Mesías era esperada más allá de las fronteras físicas y espirituales de Israel. En este sentido hay que tener en cuenta que la filiación iniciática de estas escuelas se remite a la misteriosa Orden de Melquisedec, de origen atlante.

Los principales entre los discípulos y herederos de Jesús eran Pedro, Santiago el Mayor –el hijo de Zebedeo– y Juan, su hermano. Sin embargo, fue otro Santiago (llamado “el Justo”), hermano carnal de Jesús y que no pertenecía a los Doce, quien fue elegido como cabeza del consejo nazareno de Jerusalén, compuesto por los apóstoles y los ancianos seguidores de Jesús. Es a este sanedrín (asamblea o consejo de sabios) al que la historia oficial da el nombre de “iglesia de Jerusalén”. Según Pablo, los tres “pilares” de esta iglesia primitiva fueron, precisamente, Pedro, Juan y Santiago el Justo, encargándose ellos de mantener la pureza de la enseñanza de su Maestro entre los judíos.

Javier Orrego C.

(CONTINUARÁ)

[1] De manera similar, el término Elohim es el plural del vocablo Elohâ, que significa Dios. Elohim vendría significando entonces “Dioses” o, según el experto hebraísta Fabrè de Olivet, “El-Los-Dioses”.

[2] Según Rudolf Steiner este personaje habría llevado el nombre de Jeshu (o Yeoshua) ben Pandira, el cual habría sido el Buda reencarnado.

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