EL ATAQUE DE LAS ENTIDADES ADVERSARIAS DEL HOMBRE

Por Javier Orrego C. (continuación de LOS ÁNGELES CAÍDOS: SOBRE LA TRILOGÍA DEL MAL Y EL ANTICRISTO)

Demonios

Marten De Vos, Juicio Final, detalle (1570).

El ataque de las entidades adversarias del género humano se ha ido cumpliendo edad tras edad conforme a cierto diseño o estrategia inteligente ─opuesta al obrar de las Jerarquías─ que ha estado desde el origen del mundo bajo la tutela del Demonio Solar. Vamos ahora a dar un paso más para ir comprendiendo la forma en que se ha traducido este obrar de estas fuerzas en el ámbito terrestre:

LUCIFER: A Lucifer y sus huestes les correspondió desplegar el primer ataque de las potencias adversarias dirigido contra el hombre. Este ataque fue perpetrado sobre el cuerpo astral de la entidad humana y se cumplió en tiempos de la antigua Lemuria, el escenario del Génesis. Se materializó mediante el desarrollo prematuro y acelerado de los órganos del intelecto, lo que facilitó la paulatina escisión espiritual del hombre de la gran comunidad espiritual del Universo ─con el consiguiente alejamiento del plan regular de su evolución─ ya que por medio del intelecto, encarnado en un alma inmadura, el hombre no fue capaz de volver a reunir los fragmentos de aquello que había comenzado a comprender como separado de su propia substancia. Veremos cómo ese drama se ha repetido en nuestro propio tiempo.

caronte

José Benlliure Gil. La barca de Caronte (1919)

AHRIMAN: Millones de años después de la irrupción luciférica tuvo lugar el ataque ahrimánico al cuerpo etéreo del hombre. Éste se llevó a efecto en el curso de la edad atlante. Fue en el escenario de la Atlántida que las fuerzas ahrimánicas infundieron sobre la capacidad de entender el mundo las funcionalidades propias de un organo capacitado únicamente para percibir el aspecto material de la realidad. La acción de este cerebro semiinconsciente se lleva a cabo de tal suerte que, en vez de disolverse en los días posteriores a la muerte para permitirle al espíritu humano ascender hacia las regiones superiores para comenzar la preparación de su futura encarnación, en las almas seducidas se produce un fenómeno que puede ser descrito como un endurecimiento del cuerpo etérico, de modo que dichas almas permanecen prisioneras en la esfera de lo terrestre, como adormecidas, sirviendo a los intereses ahrimánicos.

Con este sumergirse y enraizarse en la Tierra del alma humana, Ahriman consuma su propósito de endurecer el escenario terrestre hasta el punto que, llegado el momento de coronar la evolución humana con el tránsito a una siguiente fase evolutiva, este paso se vea del todo frustrado por hallarse la esfera espiritual de la Tierra colmada de almas extraviadas, de naturaleza fantasmagórica, provistas de una conciencia animalizada, egoísta y terrenal que usurpa el lugar de la sana conciencia cósmica del Yo espiritual individualizado, meta de la evolución terrestre de acuerdo con el Plan Divino de las Jerarquías.

Gustave_Dore_Inferno34

Gustave Doré, Inferno, Canto XXXIV.

ASUR: Por su parte, el asalto de Asur y sus huestes ─que comenzó en la edad post-atlante en que vivimos─ afecta a las fuerzas supra-sensoriales del cuerpo humano nublando las capacidades que le permiten al hombre captar lo espiritual desde el ámbito del cuerpo físico. Nuevamente desde la antroposofía nos llega la descripción más certera de lo que ha de significar para la humanidad el ataque de las potencias adversarias:

Aquí se manifiesta cada vez más claramente la actuación de las fuerzas asúricas, que son los adversarios principales del yo humano dentro del desarrollo terrestre: “Estos espíritus asúricos conseguirán que aquello que está atrapado por ellos ─y se trata aquí del interior más profundo del hombre, su alma consciente con su yo─, que ese yo se unifique con lo sensorial de la Tierra. Así, este yo será arrancado pedazo a pedazo; en la misma medida en la que los espíritus asúricos se vayan estableciendo en el alma consciente, el hombre tendrá que dejar atrás en la Tierra pedazos de su existencia. Lo que haya caído bajo el poder de las potencias asúricas estará perdido [para el hombre] de forma irrecuperable”.

En consecuencia, el hombre no solamente está convencido de que proviene del animal, como sucedía bajo la influencia de los espíritus ahrimánicos, los inspiradores del materialismo “científico” del siglo XIX, sino que bajo el efecto de Asur, “tomará en serio esta concepción y vivirá según ella”. Con otras palabras, “los hombres que tengan esta cosmovisión vivirán también como animales, (…) descenderán hasta los impulsos y pasiones puramente animales”.[1]

Y para mayor abundancia, en palabras de Steiner:

Estos Poderes asúricos son anunciados hoy por la tendencia prevaleciente a vivir completamente en el mundo material e ignorar la realidad de los seres y de los mundos espirituales. Cierto, los poderes asúricos corrompen al ser humano actual de una manera que resulta más teórica que real. Hoy engañan al ser humano por diversos medios para que piense que el “Yo” es un producto del mero mundo físico; impregnan al ser humano con una especie de materialismo teórico. Pero según transcurre el tiempo ─y las señales premonitorias de esto son las pasiones disolutas y sensuales que están prevaleciendo cada vez más sobre la Tierra─ cegarán la visión del ser humano para contemplar a los seres y potencias espirituales. Los seres humanos no sabrán nada ni desearán saber nada del mundo espiritual. Cada vez en mayor medida se enseñará no solamente que los más elevados ideales morales de la humanidad no son otra cosa que sublimación de impulsos animales… sino que los seres humanos asumirán también este punto de vista con toda seriedad y ordenarán sus vidas de acuerdo con él. Los seres humanos vivirán también como animales, se hundirán en los impulsos y pasiones animales. Y en muchas cosas más que no es necesario caracterizar aquí, muchas cosas que en las grandes ciudades se expresarán en orgías de sensualidad disoluta, ya podemos percibir la mirada morbosa, infernal de los espíritus a los que llamamos Asuras.[2]

Es importante remarcar esto: estas palabras de Steiner fueron pronunciadas en 1909. No es necesario decir lo proféticas que resultaron. Gran parte de la humanidad de nuestros días se encuentra completamente hundida en los impulsos y pasiones animales.

De este modo, el Demonio Solar se sirve de estos tres tipos de potencias adversarias para frustrar el plan evolutivo del hombre sobre la Tierra. Así, la acción conjunta de las huestes de demonios involucrados en la evolución terrestre se lleva a cabo contaminando las facultades anímicas humanas del pensamiento, el sentimiento y la voluntad por medio de la acción de Lucifer, Ahriman y Asur respectivamente. Con esto las potencias demoniacas persiguen cortar de raíz el surgimiento natural del pensar consciente, la conciencia moral y las fuerzas de resurrección presentes en las semillas espirituales sembradas por las Jerarquías en el sancta sanctorum de la Tierra, el corazón del hombre.

Hemos de referirnos también a ciertos descubrimientos espirituales difundidos en los círculos antroposóficos que tienen relación con un misterio mayor: la encarnación física de las entidades opositoras en el escenario terrestre.

La encarnación de Lucifer

Lucifer en una producción de Dramas Misterio de Rudolf Steiner en el Goetheanum.

Lucifer en una producción de los Dramas Misterio, de Rudolf Steiner en el Goetheanum.

Steiner llegó a sostener que mucho tiempo después de su irrupción en el escenario lemuriano, el propio Lucifer encarnó en un cuerpo físico humano en el Lejano Oriente ─ya en nuestra época post-atlante─, probablemente en los tiempos del mítico emperador Fo-Hi, el primer legislador de la antigua China cuya existencia es datada por los historiadores en torno al 3300 o 3400 a. C.

Las consecuencias derivadas de esta encarnación del principio luciférico se tradujeron en una verdadera revolución de la conciencia humana post-atlante, pues significó un nuevo impulso hacia el desarrollo del intelecto que, al mismo tiempo que obnubilar el estado de clarividencia antigua, el cual le permitía al hombre compartir su vida con los dioses ─aunque en un estado de conciencia parecido al sueño─, le abrió a la humanidad el libre acceso a la sabiduría de los antiguos Misterios heredados de la edad atlante. De este modo, los efectos ambiguos de esta encarnación ─que de todos modos tuvieron un aspecto positivo─ se vieron en el florecimiento de la cultura pagana y de lo que más tarde fue comprendido como gnosis, en tanto que conocimiento directo de las realidades de los mundos suprasensibles.

Hay que tener presente que es gracias a esta influencia luciférica que a la humanidad le fue posible elevarse por sobre la situación de postración o adormecimiento en que se encontraba luego del cataclismo que hundió la Atlántida ─el Diluvio─.Este hecho explica la asociación que existe entre el propio Lucifer y Prometeo, el héroe griego que robó el fuego de los dioses para entregárselo a los hombres, acostumbrados a vivir en completa oscuridad.

Este impulso cultural luciférico se extendió luego por todo el mundo antiguo llegando a expresarse en los distintos pueblos de acuerdo a su carácter específico. Pero en esta cultura pagana, que concebía la naturaleza humana como parte integrante del Cosmos infinito, no había nada que expresara la necesidad del surgimiento de los impulsos morales que hoy forman parte de la herencia común de toda la humanidad. Estos impulsos morales fueron sembrados en el alma del hombre por el pueblo hebreo. Fueron los antiguos hebreos los que, sobre el campo preparado por la cultura pagana de los Misterios, sembraron las semillas de la conciencia moral que luego el impulso del Cristo habría de perfeccionar y esparcir por todo el escenario de la Tierra.

La encarnación de Ahriman y de Asur

gaapPor su parte, se dice que el tiempo destinado para la encarnación física de Ahriman se cumplió en 1998, momento en que se presentó por tercera vez en la historia de la era cristiana el ciclo de 666 años a partir del año cero.Más adelante nos referiremos a esta encarnación ahrimánica y sus consecuencias para la humanidad, además de dar cuenta de lo acaecido en el mundo en torno a la primera y la segunda aparición del número apocalíptico en el curso de la historia.

Por ahora sólo diremos que aun cuando la encarnación de Asur se reserva para un porvenir más o menos remoto ─coincidiendo con el cumplimiento del cuarto ciclo del número infernal en el 2664─, la humanidad ya ha comenzado a experimentar las consecuencias de su ataque directo en los pormenores de la cruenta historia del siglo XX, marcada a fuego por las dos guerras mundiales, los nacionalismos y la revolución bolchevique, entre otros males que han esparcido enormes cuotas de dolor y sufrimiento a lo largo y ancho del mundo.

Ahora bien, hemos de tener en cuenta que solo las entidades de la Tercera Jerarquía pueden tener acceso al interior del alma del hombre. Las entidades superiores ─buenas y rezagadas─ sólo pueden obrar a través de éstas. Es por eso que los adversarios se convierten en tentadores morales seduciendo al hombre para cumplir con sus propios objetivos evolutivos y alcanzar lo que no alcanzaron a su debido tiempo. Así, podemos vislumbrar esquemáticamente la esencia del embate de estas potencias si percibimos el aguijón luciférico en el orgullo y la soberbia humanos; el ahrimánico en el imperio de la mentira, el temor, el engaño; y el asúrico en el odio irracional y la crueldad absurda, cada vez más generalizada en la Tierra.

Por otro lado, los espíritus rezagados de la Segunda Jerarquía no pueden acceder al interior del hombre. Su ámbito de acción es la naturaleza exterior. De este modo ─tal como señalamos en relación a las expresiones físicas de las entidades regulares de la Tercera Jerarquía─ hemos de entender la irrupción cada vez más iracunda de cataclismos naturales (erupciones volcánicas, terremotos, tsunamis, tormentas, sequías, inundaciones, incendios, huracanes, etc.) como muestras de su acción en las fuerzas planetarias. La diferencia entre los cataclismos provocados por unos y otros está en que, mientras que las entidades regulares se expresan frente al hombre con fines pedagógicos o siguiendo impulsos de índole kármica, las potencias adversarias lo hacen por mero afán destructivo, intentando amagar los esfuerzos de las Jerarquías.

Finalmente diremos algo respecto al rol que juega la humanidad en esta conflagración cósmica entre lo que hemos de entender por el Bien y el Mal. Prokofieff cita a este respecto una conversación sostenida por R. Steiner con la Dra. Ita Wegmann, pionera en aplicar los principios antroposóficos al campo de la medicina.

Sostiene Steiner allí:

Únicamente los hombres pueden tener conocimiento de los secretos de los demonios. Los dioses están esperando a que los hombres les lleven al encuentro estos secretos (…). Si los hombres sacrifican así a los dioses los misterios arrancados a los demonios, el actuar tenebroso de éstos puede ser desviado de manera que pueda volver a iluminarse el día donde imperaba la oscuridad.[3]

 Javier Orrego C.

Fragmento de El Evangelio de la Luz

[1] Sergei O. Prokofieff, El encuentro con el Mal y su superación en la Ciencia Espiritual, Editorial Rudolf Steiner S.A., Madrid, 1999, página 50. Prokofieff cita aquí el ciclo de conferencias “Antropología científico-espiritual” de R. Steiner, Berlín, 19 Oct. 1908-17 Junio 1909.

[2] Rudolf Steiner, El Hecho de Cristo y los Poderes Espirituales Opositores: Lucifer, Ahriman y los Asuras; conferencia pronunciada en Berlín el 22 de marzo de 1909.

[3] Prokofieff, op. cit., pág. 61, citando carta A los amigos, de Ita Wegmann, redactada el 4 de octubre de 1925.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s