MANIFIESTO PERSONAL

Por Javier Orrego C.

Foto de James Natchwey

Foto de James Natchwey, fotógrafo de guerra estadounidense.

Pienso que los tiempos de incertidumbre que vivimos son una muestra palpable de que la humanidad está siendo asechada por todo tipo de entidades espirituales oscuras. El ataque viene desde distintos ámbitos, pero se centra fundamentalmente en el corazón humano. El corazón del hombre es la Zona Cero, el campo de batalla.

Quienes permanezcan dormidos estarán haciendo de su corazón una tumba. Quienes despierten, en cambio, estarán construyendo el Templo a partir del cual se iluminará el camino de la humanidad hacia el futuro.

Todos somos Lázaro, y frente a nuestras conciencias dormidas es el Yo humano el que nos dice: “Levántate y anda”.

La Web se ha transformado en un peligroso laberinto. Hay que estar atentos. Muchas informaciones que pululan en este entorno provienen de mentes seducidas o derechamente poseídas por la acción de estas entidades tenebrosas. El peligro está tanto en la sobrevaloración como en la infravaloración de lo terreno.

Para mantenernos a flote en este océano de información, necesitamos desarrollar al máximo nuestras potencialidades y cualidades anímicas fundamentales, en especial la facultad del pensamiento libre y consciente. A partir de esta correcta actividad del pensar hemos de alinear nuestros sentimientos y nuestra voluntad en un solo objetivo: despertar, renacer a la Luz que mora en el fondo de todo corazón humano.

El corazón es la piedra angular del Gran Templo. Ese es uno de los secretos por los que fue destruida la Orden del Temple.

El miedo, la angustia, la incertidumbre, el odio, la intolerancia, son los obstáculos que las entidades oscuras ponen en nuestro camino. A partir de esa siembra paciente y constante de emociones negativas en el corazón del hombre pretenden cosechar la ruina de la humanidad. Ellas necesitan esta ruina de la experiencia humana sobre el escenario terrestre para alcanzar sus propias metas. A fin de cuentas, el Mal –en cualquier nivel– no es otra cosa que aquello que no evoluciona.

Lo que acontezca afuera no será más que una consecuencia de lo que ocurra en la interioridad del alma humana. Las amenazas estelares, las tormentas solares, los desastres naturales, incluso las guerras, están adentro. Todo está adentro. Las consecuencias de las alineaciones planetarias dependen más de aquello con lo que se alinee el corazón del hombre que de las fuerzas gravitacionales o astrales de los cuerpos celestes comprometidos.

Somos dioses dormidos…

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